jueves, 20 de septiembre de 2012

La desvergüenza de Luis María Ansón


Este martes leí en “El Mundo” un artículo del inefable Luis María Ansón que no puedo pasar por alto. Arremete el insigne prócer de la profesión periodística contra las organizaciones sindicales a propósito de la manifestación del 15 de Septiembre en Madrid. En su estilo habitual, generaliza de manera despectiva sobre la extracción de los que allí nos congregamos, arremete contra la figura del liberado sindical y pone en solfa nuestra credibilidad aunque se cuida muy mucho, porque no es tonto, de unirse a los que postulan nuestra destrucción. 

Yo lo siento pero no lo puedo dejar pasar. Un conspirador profesional como Luis María Ansón no me va a mí a dar lecciones de nada. No le puedo permitir que intente sacarme los colores. Este desahogado provocador se ha movido en todas las salsas de la desestabilización desde que llevaba pantalones cortos. Flirteó con los golpistas del 23F, figuró entre los integrantes del llamado sindicato del crimen (escritores y periodistas dispuestos a hacer todo lo posible por derrocar a Felipe González), fue el inventor de las portadas-provocación en ABC y La Razón y ha ido por la vida intentando zarandear lo que se movía a su alrededor hasta tal punto que yo diría que los de Intereconomía quedan a su izquierda. 

El señor Ansón no puede escribir impunemente todo lo que escribe sin que nadie le conteste. Ni en broma puedo consentirle que nos compare, como ha hecho en su artículo de este martes, con los sindicatos verticales de Franco, ese Franco al que él adulaba en público y contra el que conspiraba en privado viajando a Estoril. Lo que digo, conspirador desde chiquitito. 

El señor Ansón no tiene ningún derecho a poner en cuestión la honorabilidad de los sindicatos, como hace tan a menudo en su tribuna. En esos autobuses en los que, según titulaba el periódico donde publica, fuimos “acarreados” a Madrid, viajamos mujeres y hombres de toda España. Yo doy fe de cómo lo hicimos en Andalucía, que habíamos comprado nuestros correspondientes bonos, dejamos a nuestras familias y nos pusimos en carretera para un viaje de ida y vuelta de 24 horas en el que fue mucha la fatiga, escaso el sueño y grande la satisfacción al comprobar, por mucho que lo ningunee el señor Ansón y la gente que habla como él, que éramos una multitud enorme los que manifestamos nuestro rechazo a los trágicos e inservibles recortes que está perpetrando el gobierno de Mariano Rajoy.

El señor Ansón, acostumbrado toda su vida al ordeno y mando, y “al a ver cómo consigo hacer lo que creo que hay que hacer sea legal o no”, piensa que nosotros hacemos lo mismo para conseguir asistencia a las movilizaciones. Pero ¿cómo puede ser tan torticero? El sabe, como lo saben todos los que se empeñan en negar una realidad obvia, que la manera de gobernar de Rajoy no lleva a ningún sitio. Ansón sabe que el único obstáculo para que campen por sus respetos aquellos a quienes beneficia Rajoy, esos mismos que a él le han permitido vivir toda su existencia de la sopa boba, somos las organizaciones sindicales y sociales y nuestro trabajo diario. Que es mucho. 

Estamos en el punto de mira de la derecha desde hace mucho tiempo. Si pudieran nos exterminarían con el aplauso de personajes como el señor Ansón, aunque él en su columna habla de “regeneración”. Pero no acabarán con nosotros. Primero porque constitucionalmente no es posible, segundo porque las evidencias acabarán imponiéndose por muchas piedras en el camino que personas como Ansón quieran ponernos y tercero porque no vamos a dejar ni un solo segundo de cumplir con nuestra obligación: denunciar la injusticia y defender los derechos de quienes a Ansón y a quienes piensan como él solo les sirven/servimos para ser explotados, manipulados y engañados. Me refiero, claro éstá, a la clase trabajadora, a los ciudadanos de a pie, que no se chupan el dedo y que saben quiénes los defienden y quiénes no por muchas campañas de desprestigio que Ansón y sus adláteres pongan en marcha contra los sindicatos.

M.P.

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